martes, 2 de enero de 2018

Perihelio

Intenté dormir el 31 de diciembre como si no fuese tal fecha. Vaya pretensión. Vaya que absurdo. Debí suponerlo. El vecindario en el que vivo no está habitado precisamente por la gente más culta. Ellos no han oído hablar del perihelio. ¿Fin de año?: rumba ¿Que otro sinónimo puede atribuírsele? ¿Acaso piensan todas estas personas, fieles adeptos del chicharrón y el guaro, del sexo tosco y grasoso inherente al perreo, acaso piensan ellos en la curvatura cónica de la órbita que habita nuestra esfera? Perihelio, fin de año, principio del siguiente, lugar geométrico en el cual la trayectoria de la elipse está más cerca de uno de sus dos focos. Es decir, el sol. Porque ya sin adornos, nuestra tierra orbita alrededor del sol no de forma circular, si no elíptica, es decir, como un huevo, o lo que llamamos óvalo, siendo ambas comparaciones imprecisas. Kepler tiene la respuesta. O algún video en Youtube.

En fin, llevo tiempo elucubrando en una teoría: la navidad es una fiesta pagana. Esta teoría, muy de moda entre los conspiranóicos, tiene, para mi, su sentido lógico, científico. Recuerdo que, desde que era un niño, ya en las vísperas del doceavo mes, solía sentir una alegría inexplicable, una dulzura de tuétanos adentro, raíces luminosas transitando en las cavernas de mi homeostasis. No se, sabía que había algo en el mes de diciembre, una emoción y una energía, ligereza de alegría jugeteando entre las cosas, luces que brotan entre las palabras y los silencios. Ese algo era definido en los comerciales de Coca Cola como "El Espíritu navideño". Y le decía yo a mamá: ma, ya se siente el espíritu navideño. En ese entonces aún me gustaba la Coca Cola.

Pero volvamos al perihelio. Y a mis conclusiones (especulaciones sin seriedad científica, en tanto que método). La navidad: fiesta pagana en que se celebraba, en Roma, el solsticio de invierno, el culto a saturno, dios afín a lo irracional. Sincretismo descarado del catolicismo; momento en que la tierra, en su órbita, se encuentra más cerca del sol. Y bueno, es natural apenas suponer que si el sol genera energía (no hay que ser muy letrado para entenderlo), la cantidad de esa energía disponible en la tierra será mayor mientras menor sea la distancia que del astro rey nos separa. Es decir, en navidad. Pero esa energía, en lugar de ser canalizada por sus receptores (nosotros) es dispersada en farras descaradamente absurdas. ¿En que momento de la historia se nos escurrió de los dedos la verdad? Ha de ser hace mucho, demasiado ¿O acaso aún con lo absurdo de este mundo, estamos descubriendo otra verdad? La respuesta la tienen los miles de soles. Supongo.

En fin, intenté honrar al perihelio, pero mis vecinos ebrios con sus mujeres ebrias gritaron toda la noche esas canciones ebrias, y la luna, hermosa y delirante, como un sueño flotando en el absurdo, alumbraba con su mística luz aquel burdel de etílicas pupilas. Entre tanto, yo escuchaba, cómodo entre las cobijas, la estridencia del absurdo de terminar un año para empezar el otro con resaca.

(PD: ya está entre mis planes alquilar casa en el campo. El cosmos vale más que un vil perreo)

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